Archivo para February, 2004

Era una mañana de martes. Como todos los días, los kiosqueros madrugaban un poco menos que los estudiantes de primaria y un poco más que los repartidores de pan. El tráfico de la ciudad, desde arriba, parecía la circulación sanguínea de alguien con mucho colesterol vista al microscopio. La temperatura, como era habitual en aquellas horas de la mañana, permitía freír huevos y bacon en las chapas de los coches de color negro. Desde que, en algún lugar del Cielo, algún arcángel o algún querubín, puesto hasta las cejas, tocó los plomos del Sol, el Tiempo venía haciendo unas cuantas locuras.