Archivo para la categoría: 'Relatos'
El Autista: Capitulo1. El feo, el malo, el autista y el capullo integral.
Publicado por DrBoiffard, el May 19th, 2005 in Relatos.
Por el fondo de la colina se podÃan ver aún los últimos rayos de sol. Poco a poco el bosque se volvÃa más fresco y oscuro, y andar por allà como gilipollas con aquel fiambre empezaba cada vez más a tocarme los cojones. Puto trabajo de mierda. Odiaba hacer aquello.
La Pitonisa Mari Fefa y la tostada con mermelada de naranja ácida.
Publicado por DrBoiffard, el February 23rd, 2004 in Relatos.
Era una mañana de martes. Como todos los dÃas, los kiosqueros madrugaban un poco menos que los estudiantes de primaria y un poco más que los repartidores de pan. El tráfico de la ciudad, desde arriba, parecÃa la circulación sanguÃnea de alguien con mucho colesterol vista al microscopio. La temperatura, como era habitual en aquellas horas de la mañana, permitÃa freÃr huevos y bacon en las chapas de los coches de color negro. Desde que, en algún lugar del Cielo, algún arcángel o algún querubÃn, puesto hasta las cejas, tocó los plomos del Sol, el Tiempo venÃa haciendo unas cuantas locuras.
Cuando Tsung-Pao nació, la luna estaba llena. Solo leves brumas que acariciaban los bordes de los edificios, que se perdÃan en el horizonte. La calle donde estaba el restaurante chino donde trabajaba su padre, que es donde la condenada eligió el momento para salir de su madre. estaba en un silencioso y oscuro barrio de la periferia de la gran ciudad. El restaurante tenÃa un gran cartel iluminado, que seguÃa funcionando por una baterÃa gigante que los chinos se habÃan montado en el sótano para no pagar a la compañÃa electrica. Quizá fuese un pintoresco cuadro en vivo de lo poco bonito que quedaba en la ciudad despues del holocausto nuclear por aquella época. El destino quiso que, en aquel infierno, hubiese un momento tan especial para ver nacer a la pequeña Tsung-Pao. En la ruinosa ciudad, llena de silenciosas tumbas de 30 metros de alto, solo se veÃan luces de velas y lámparas de aceite. En todo el barrio, sólo la luz del restaurante mantenÃa vivo el recuerdo de otra época en la que, por lo menos en el hemisferio norte, el hombre vivÃa con cierta dignidad.
La increible historia de Eusebio Fernández
Publicado por DrBoiffard, el November 4th, 2003 in Relatos.
Eusebio Fernández era un ciudadano madrileño de unos cuarenta y tantos, machista, solterón, ludópata, alcohólico y drogadicto. Se dedicaba malamente a sobrevivir como vendedor de cuberterÃas y vajillas que conseguÃa a mitad de precio en los almacenes de TeleTienda. Vivia en algun barrio residencial de la capital, en algun edificio horripilante de esos que se construyeron en los 70 y cuyos arquitectos deberÃan responder ante un tribunal por crÃmenes contra el espacio urbano y contra el buen gusto. Aparte de lo desagradable de las formas de la construcción, las pintadas, mas bien cutres, de los chavales del barrio, y los restos de carteles electorales, que dejan entrever aun la asombrosa cara de inteligencia de Esperanza Aguirre, hacÃan del edificio de los lugares mas horrendos del globo terráqueo.
La Familia de las Cucharas vivÃa en un cajón. Era un cajón oscuro, sin luces, donde las tinieblas no permitÃan ver absolutamente nada. Claro que, en la familia de las cucharas no tenÃan ojos ninguno. Pero de vez en cuando un extraño ser del exterior abrÃa el cajón, dejando pasar unos débiles rayos de luz producidos por una lámpara halógena.



